jueves 20 de noviembre de 2008

con unos ministros asi todo seria mejor o no ? xD


Balmaceda


Los que pasaron por la moneda xD


Gobierno de Balmaceda

Desde el principio, los revolucionarios tuvieron en Santiago una junta secreta que dirigía la revolución desde tierra. Con la conquista del norte, el 12 de abril de 1891 organizaron la Junta de Gobierno de Iquique, compuesta por el Capitán de Navío Jorge Montt Álvarez, que la presidiría, Waldo Silva, Vicepresidente del Senado y Ramón Barros Luco, Presidente de la Cámara de Diputados como vocales, la que actuaría como órgano de gobierno, en reemplazo del Presidente de la República, con Enrique Valdés como secretario y asesorada por cuatro ministros: Interior y Obras Públicas, que se reservó para Manuel A. Matta ; Relaciones Exteriores y Justicia, Culto e Instrucción Pública, a cargo de Isidoro Errázuriz; Hacienda, a cargo de Joaquín Walker Martínez; Guerra y Marina, a cargo del Coronel Adolfo Holley.
Junto con el decreto de creación de la Junta, se dio a conocer públicamente, por primera vez, el acta de deposición de Balmaceda, documento ignorado por la mayoría de los congresistas.
Sus agentes en el extranjero, los financistas y banqueros Augusto Matte y Agustín Edwards Ross, lograron la compra de armas de los últimos modelos en Estados Unidos, superiores a las del ejército de Balmaceda, y pusieron trabas a la entrega de los cruceros "Presidente Pinto" y "Presidente Errázuriz" y el acorazado "Capitán Prat" que desde antes de la revolución se construían en Francia.

La dictadura balmacedista [editar]
Mientras en el norte se consolidaba el gobierno de la junta, en el resto del país se instalaba una férrea dictadura bajo la dirección del Ministro Domingo Godoy, dispuesto a aplastar la rebelión sin reparar en los medios: Las Universidades y algunos liceos fueron cerrados, así como los clubes y centros políticos; las cárceles se llenaron de enemigos del régimen; los diarios fueron cerrados, las cortes fueron reemplazadas por tribunales militares; fueron incautadas arbitrariamente las haciendas de los opositores; además de realizarse en campos y ciudades enrolamientos forzosos, destinados a incrementar el ejército del gobierno.
Balmaceda decidió legitimizar su gobierno disolviendo el Congreso y convocar a elecciones parlamentarias, y como sucesor suyo a Claudio Vicuña.
Los atropellos en todo orden cometidos por Godoy, provocaron que la mayoría del congreso recién elegido pidiera la salida del ministro de la Moneda. Se organizó otro ministerio al mando de Julio Bañados Espinoza, quien propuso reformas semejantes a las contenidas en la Constitución de 1833, entre ellas, el establecimiento de un régimen presidencialLa ofensiva revolucionaria [editar]

Soldados chilenos en 1891
El ejercito revolucionario recibió armamentos de último modelo, y bajo la dirección del teniente coronel alemán Emilio Körner se agruparon 10.000 hombres, entre soldados voluntarios reclutados de las oficinas salitreras y oficiales improvisados entre los jóvenes llegados ocultamente desde distintas zonas del país.
Terminada la organización de fuerzas, la junta de Iquique expedicionó al sur, ya que Balmaceda había reunido 30.000 hombres, para rechazar cualquier intento de desembarco. Como Jefe del ejército congresista fue nombrado Estanislao del Canto.

Conspiraciones [editar]
La acción militar y naval de la junta debía ser secundada por el comité secreto de Santiago, que planeó inutilizar las torpederas del gobierno y la destrucción de puentes para evitar la concentración de las unidades a lo largo del país. Lo primero fue intentado por Ricardo Cumming, industrial de Valparaíso; pero fue delatado por uno de sus cómplices, sometido a un consejo de guerra que lo condeno a muerte siendo fusilado el 12 de julio.

Masacre de Lo Cañas [editar]
Artículo principal: Masacre de Lo Cañas
Con el fin de cortar el puente del Maipo, más de setenta jóvenes de la sociedad de la época, junto con unos veinte artesanos se reunieron en el fundo de Lo Cañas, de propiedad de Carlos Walker Martínez, siendo descubiertos por fuerzas del ejercito balmacedista, siendo la mayoría asesinados, y conducidos 8 a la capital, siendo condenados a muerte por el consejo de guerra y fusilados. Este hecho conocido como La matanza de Lo Cañas causo indignación y deseos de venganza de los soldados constitucionalistas.

Batalla de Concón [editar]
Artículo principal: Batalla de Concón
Las tropas constitucionalistas desembarcaron en Quintero y atravesaron el Aconcagua el 20 y 21 de agosto en número de más de 9.000 combatientes, y enfrentando a los 7.000 hombres de Balmaceda, que eran comandados por los generales Orozimbo Barbosa y Alcérrega sobre las alturas de Concón. Estos jefes no recibieron los refuerzos venidos de Santiago y Concepción y fueron derrotados el 21 de agosto.

Batalla de Placilla [editar]
Artículo principal: Batalla de Placilla
El ejercito congresista dejó Viña del Mar y Concón, enfrentándose en la meseta de la Placilla con el ejercito de Barbosa y Alcérrega el 28 de agosto, la batalla fue tan corta como decisiva, las tropas balmacedistas fueron completamente derrotadas, siendo sus generales ultimados.

Muerte de Balmaceda: Triunfo de la revolución. [editar]

Las consecuencias de la guerra: soldados muertos después de la batalla de Concón
Al conocer la noticia de la derrota en Placilla, Balmaceda entrega el mando del poder ejecutivo al General Manuel Baquedano el 29 de agosto y se asiló en la Legación Argentina ese mismo día.[25]
Baquedano no supo impedir el saqueo y destrozos en las propiedades y viviendas de los partidarios del presidente.[26] En parte fue producto de las acciones de venganza del sector vencedor, pero también se debió al vacío de poder dejado por las autoridades balmacedistas, lo que será aprovechado por turbas y delincuentes e incluso por robos efectuados por el ejército vencido, al quedar sin jefes responsables.[27]
El 30 de agosto ingresan las fuerzas del Congreso a Santiago.
El capítulo final se da el 19 de septiembre, en la embajada argentina, con el suicidio de José Manuel Balmaceda, en la fecha correspondiente al día posterior a la del fin de su mandato presidencial.
Se calcula que en la guerra civil aproximadamente 4.000 personas murieron de una población de dos millones y medio de habitantes.
Tras la victoria sobre las fuerzas de Balmaceda, asume el control la Junta de Gobierno de Iquique el 31 de agosto de 1891, que fue trasladada a Santiago. Esta dio lugar a una nueva Junta el 3 de septiembre que convocó a elecciones de senadores, diputados, municipales y electores de presidente, con arreglo a la ley electoral de 1890. Repuso en sus cargos a los cargos del Poder Judicial destituido por la "dictadura" de Balmaceda baja a los miembros de las fuerzas armadas que habían servido al régimen caído y reorganizo a los empleados civiles del mismo.
El Almirante Jorge Montt asume la presidencia el 26 de diciembre, después de la elecciones de octubre.

Eventos posteriores [editar]
La derrota del Presidente significó el inicio de un período en la historia de Chile conocida como el pseudoparlamentarismo o cuasiparlamentarismo (ver República Parlamentaria), que se extendió entre 1891 y 1925, en el cual los Presidentes de la República estuvieron fuertemente controlados por el Congreso, quien debía aprobar a su gabinete de ministros.
Se aprueban leyes de amnistía en diciembre de 1891 (que favorece a personal subalterno de las fuerzas armadas), febrero 1893 (oficiales superiores), agosto 1893 (a las víctimas de la Masacre de Lo Cañas, no a sus involucrados), agosto 1893 (que cubre ambos bandos), diciembre 1895 (pensiones para el personal de la administración pública que fue expulsado de su puesto).
Los partidarios de Balmaceda fundarón el Partido Liberal Democrático, conocido como el partido balmacedista. Su objetivo era cumplir el programa económico de Balmaceda y reformar la constitución para volver al presidencialismo previo a 1891. Sin embargo en breve tiempo cayó en las tácticas del parlamentarismo chileno.
Debido a las tensiones entre el nuevo gobierno y el gobierno de los EE. UU., que había apoyado a Balmaceda, se produjo el Caso Baltimore.

Parlamentarismo

Sus principales Causas [editar]
Las principales causas de esta guerra fueron:
Conflicto Presidencialismo-Parlamentarismo: El mandatario gobernó interpretando la constitución como presidencialista, con lo que se ganó la oposición de los partidos políticos y el congreso nacional, que habían desarrollado una lectura parlamentarista de la carta fundamental. Ello le significó múltiples obstáculos a Balmaceda, por parte del parlamento, para poder cumplir sus propósitos.[1]
Intervención electoral: Balmaceda pretendía designar, tal como lo habían hecho sus antecesores, al congreso y a su sucesor en la presidencia por medio de la intervención electoral del gobierno, en contra de los llamados por la libertad electoral hechos por los partidos políticos, y que se convirtió en su principal bandera de lucha contra Balmaceda.
Hegemonía oligárquica en peligro: Balmaceda nombró como ministros a jóvenes no pertenecientes a la oligarquía tradicional. Este grupo reaccionó al prever la posibilidad de disminuir su poder político y social, por lo que se opuso al presidente.[cita requerida]
Proyecto Económico de Balmaceda: El presidente tenía la intención de aumentar la exportación del salitre, incrementando los ingresos fiscales, para así, poder financiar el plan de obras públicas del gobierno. Pero los empresarios del salitre (principalmente John North), parte de la oligarquía y el parlamento, querían exportar cantidades limitadas, para que no disminuyera su precio en el mercado internacional. Por lo que pasaron a formar parte de la oposición.[cita requerida]
División de las fuerzas Armadas; Para el desarrollo de la guerra fue fundamental la división de las fuerzas armadas, ya que sin este suceso, el bando de Balmaceda no habría podido oponer resistencia. El ejército, apoyó al presidente, y la Armada, a la causa congresista.
Crecientes niveles de odio político; Los niveles de respeto debidos a las autoridades de gobierno y a los opositores, y que habían marcado la convivencia anterior, se vieron sobrepasados, por medio de la agresión de una prensa virulenta que llego a incluir en sus ataques a los familiares y a las vidas privadas de los hombres públicos.[2]
Conflicto con la Iglesia: Por la condición liberal de Balmaceda, y su antiguo apoyo a la enajenación del poder eclesiástico sobre el estado, los clérigos y los políticos conservadores mantuvieron una oposición virulenta al presidente, en particular por parte de la juventud bandos liberales, quienes presentaban distintas fisonomías, incluso llegando a existir un grupo liberal opositor a la política de Balmaceda. La situación provocó desconfianza mutua entre el Parlamento y el Ejecutivo, generando una rotativa ministerial hasta llegar a quince cambios de gabinete.[4]
En enero de 1889, Enrique Salvador Sanfuentes fue nombrado ministro de Industria y Obras Públicas, lo que fue visto por los parlamentarios como el sucesor de Balmaceda, en una imposición de este último. Por otra parte, los grupos liberales opositores al presidente se agruparon en torno al Congreso. Además, los partidos Nacional, Radical, Liberal Doctrinario y Liberal Mocetón formaron una liga política llamada cuadrilátero, para luchar por la libertad electoral.[5] Esta mayoría en el parlamento inició un periodo de hostilidades, que provoco la renuncia de Sanfuentes a la candidatura presidencial para aplacar los ánimos.
Al perder la mayoría parlamentaria, Balmaceda debió nombrar gabinetes acordes con la nueva distribución de las fuerzas políticas, lo que duró hasta enero de 1890, en que nombró un gabinete de marcado carácter presidencial, puesto que el congreso había aprobado las leyes periódicas de ese año. El ministerio era encabezado por Adolfo Ibáñez, y tenía la peculiaridad de ser el primer gabinete con integración militar de Balmaceda, con el general José Velásquez como ministro de guerra, lo que significaría el inicio de la politización del ejército y su subsiguiente división durante la guerra civil.[6]
El 30 de mayo se reformó el gabinete, nombrándose a Sanfuentes ministro del interior, cuestión que enardeció a la oposición parlamentaria, quienes echaron mano del aplazamiento de la discusión de la Ley de Presupuestos de 1891, para provocar el cambio de los ministerios por otro de corte parlamentario.[7]
Los parlamentarios esperan acusar constitucionalmente al gabinete de Sanfuentes, puesto que en tal situación, la constitución establecía que el presidente no podía modificar el ministerio y después de seis meses podía encontrarse incluso inhabilitado para gobernar

EPOCA SALITRERA

Guerra del Pacífico

Para Bolivia el contrato de 1873 con la "Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta" aún no se encontraba vigente, porque de acuerdo a la constitución boliviana, los contratos sobre recursos naturales debían aprobarse por el congreso.[1] En 1878 el Asamblea Nacional Constituyente boliviana, en medio de una crisis económica, se avocó al estudio del acuerdo celebrado por el gobierno en 1873. Decidió ratificar el contrato si se pagaba un impuesto de 10 centavos sobre quintal exportado de territorio boliviano. Esta decisión que afectaba los intereses de la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, finalmente fue considerada por el gobierno chileno como una violación al artículo IV del tratado de 1874. Dicho impuesto de 10 centavos, que afectaba a esta empresa es considerado como el casus belli de la Guerra del Pacífico. Con ello la escuadra chilena ocupó militarmente Antofagasta el 14 de febrero de 1879.

El 13 de marzo el coronel chileno Cornelio Saavedra solicta al presidente Pinto ocupar mas allá del paralelo 23. Pinto lo autoriza. Con ello el coronel Sotomayor parte hacia Cobija, Tocopilla y Calama.[2] Tanto Cobija como Tocopilla estaban al norte del paralelo 23 y eran definitivamente territorio boliviano que no estaba en disputa.[3] El 21 de marzo desembarca en Tocopilla la tripulación del Cocharne al mando de Enrique Simpson.

El monitor peruano Huáscar, en viaje al norte (8 de agosto de 1879), inspecciona los puertos de Cobija y Tocopilla, en busca de transportes o buques mercantes chilenos. En Cobija pasa visita a tres buques mercantes anclados en la bahía y captura cuatro lanchas. El 30 de octubre de 1879, tanto la cañonera chilena Covadonga, como en transporte Angamos, embarcan en Tocopilla al batallón de artillería de marina y tropa de caballería chilenos hasta horas de la noche, con una inusual actividad en el puerto.

Los preparativos bélicos que movilizaron tropas y piezas de artillería sirvieron para enfrentar el Desembarco y combate de Pisagua, el 2 de noviembre de 1879. Hasta ese momento, la ubicación de Tocopilla había jugado un papel muy activo en la guerra. Con el inicio de la campaña de Tarapacá, Tocopilla pierde su valor estratégico para el mando chileno que había mantenido desde un comienzo de la lucha.

El 4 de abril de 1880, el vigía chileno del puerto anunciaba: ¡Vapor del norte!. Una nave se aproximaba en el horizonte cerca a las 9:00am. Una hora después, se apreciaba claramente que era un barco de guerra peruano. Se trataba del Oroya un transporte de rueda, semejante a las naves Chile y Perú del año 1840, un sobreviviente de la armada peruana.

El Oroya una vez que capturó al remolcador Duendes, se dirigió al centro de la bahía. En aguas de Tocopilla, se encontraba el pequeño vapor chileno Taltal, armado en la guerra, que antes de la entrada del Oroya a la bahía, encendió los fuegos de sus calderas para evadir su captura. En una ardua batalla el Taltal evade los diparos del Oroya. Los tripulantes del Oroya no abordan al Taltal para evitar encallar como la Independencia, y sale en retirada hacia el sur.

EXPANSION ECONOMICA Y TERRITORIAL

Laicización de la sociedad

En el otro debate —aunque influenciado también por las tendencias liberales— estaba el intento de laicización de la sociedad. Los objetivos de los reformadores eran emancipar la educación y las costumbres de la tutela religiosa, así como también establecer un sistema en donde el Estado fomentara el libre pensamiento.

La dictación de una ley interpretativa que permitiría el ejercicio de otros cultos religiosos, la ampliación y fomento de un sistema educacional laico representado por el Instituto Nacional y la Universidad de Chile, las leyes sobre el registro civil y la de matrimonio civil, y el traspaso de la administración de los cementerios al poder civil, más la fundación de una universidad pontificia, constituyeron las formas en que la separación de la Iglesia y el Estado se fue abriendo.

Durante esta etapa, los partidos políticos comenzaron a adquirir forma de instituciones con organizaciones internas, con programas electorales que nacían de convenciones partidarias, y con una política de alianzas que buscaba concertaciones para alcanzar la presidencia de la República o mantenerse como mayoría en el Congreso.

Un caso representativo de lo anterior fue la formación de la fusión liberal-conservadora, que fue una combinación entre sectores que se separaron en asuntos religiosos, pero se unieron en el intento por debilitar al Ejecutivo. Tal vez la más compleja actuación política de este grupo fue el veleidoso comportamiento de los liberales. Con una tendencia natural al fraccionamiento, estos se movían desde cargos en el gobierno a la más férrea oposición.

En forma paralela a esta actividad partidista, durante esta etapa se avanzó en la consolidación de un sistema legal y reglamentario, que terminó por reemplazar totalmente las normas y costumbres jurídicas de la época hispana. Una amplia codificación de las actividades comerciales, judiciales, mineras y agrícolas consolidó el ordenamiento de las relaciones entre los civiles y el Estado, y entre las propias instituciones.

Relaciones internacionales

Este período se caracterizó por las difíciles relaciones internacionales con los países vecinos y con España. A ello se sumaron los intentos de otros países europeos por intervenir directa o indirectamente en los territorios americanos.

En la misma perspectiva de control territorial se ubicó la incorporación de la Isla de Pascua en 1888, territorio insular que se encontraba en la mira de Francia en su expansión imperial en el Océano Pacífico.

El crecimiento económico y el reconocimiento de espacios geográficos no ocupados fueron los detonantes de conflictos bélicos con las repúblicas vecinas de Perú y Bolivia. Estos condujeron a los ejércitos chilenos hasta Lima y la rendición incondicional con entrega de territorios a Chile.

Con Argentina —aunque no se llegó a una guerra— una difícil negociación diplomática culminó con el Tratado de Límites de 1881 y la entrega por parte de nuestro país de los territorios patagónicos, la cesión de la mitad de la Tierra del Fuego y el control definitivo a Chile del Estrecho de Magallanes. Este era el principal nexo de comunicación entre el Atlántico y el Pacífico.

Nuevas fronteras

Este proceso significó el reajuste de las fronteras exteriores e interiores del país, con una expansión territorial y reordenamiento espacial, que derivó en que al término de esta etapa aparecerán configuradas en sus líneas generales las actuales fronteras de Chile.

Iniciando el período, se consolidó la colonización con inmigrantes europeos en las provincias de Valdivia, Osorno y Llanquihue.

Con la modalidad de la ocupación militar se avanzó sobre los territorios de La Araucanía y se desestructuró el dominio mapuche con la apropiación de las tierras de este pueblo por parte del Estado y la instalación de las comunidades en reducciones. Dichas tierras se redistribuían mediante remates y concesiones a particulares, en un proceso donde no estuvieron ausentes las irregularidades de toda índole.

En el Norte, la frontera se expandió. Se ocuparon las antiguas provincias peruanas de Tarapacá y las bolivianas de Antofagasta y la Puna, como resultado de la Guerra del Pacífico.

En el extremo austral se inició la conformación de una economía ganadera en torno a Punta Arenas y Tierra del Fuego.

Expansión y diversificación económica

La expansión de la economía inglesa como resultado de la Revolución Industrial, trajo como consecuencia la incorporación de Chile al flujo comercial de insumos demandados por dicha potencia y su imperio de ultramar.

Entre 1860 y 1870 las importaciones chilenas de productos ingleses alcanzaban un 42% del total y un 66% de nuestras exportaciones eran destinadas a Gran Bretaña.

Estos años estuvieron marcados por la ampliación de las actividades extractivas de recursos naturales, destinados a servir de insumos a la nuevas tecnologías.

En lo relativo a la minería, las nuevas formas de fundición y diferentes tipos de usos, aumentaron la demanda por el cobre, que empezó a ser explotado en gran escala en Guayacán. Sin embargo, el cobre chileno en permanente competencia con los yacimientos de España y Estados Unidos, vivió siempre en constantes fluctuaciones de precios y mercados.

El carbón demandado por las fundiciones mineras, el ferrocarril y la navegación, vivió su época de oro en las zonas de Lota y Coronel, surgiendo en la Península de Arauco una microsociedad vinculada a su extracción.

Pero el recurso que consolidó la vocación minera de nuestra economía fue el salitre. Solicitado como fertilizante por la expansiva agricultura europea, el descubrimiento de este mineral en nuestro territorio en 1860 inició la expansión territorial y de la población de Chile hacia el desierto, que hasta ese momento era conocido como el despoblado de Atacama.

La industria del salitre se convertiría en el soporte de las entradas del fisco chileno por casi 40 años.

La agricultura se desarrolló a un ritmo más lento. La gran propiedad con cultivos extensivos y baja incorporación tecnológica mantuvo el perfil del mundo rural.

La incorporación de las tierras de La Araucanía, la demanda por productos agrícolas de los centros mineros del Norte y la ampliación de las ciudades de Valparaíso y Santiago, impulsaron una roturación de nuevos espacios en el llano longitudinal.

La producción continuó orientada preferentemente al mercado interno y se componía productos de chacarería, animales de engorda, cereales y legumbres; todos ellos producidos con rudimentarias técnicas heredadas del período colonial. La modernización en el sector agrícola estuvo representada por la construcción de canales de regadío y la introducción de cepas viñateras que modificaron la producción de vinos en la Zona Central.

En otro ámbito, la industria se convirtió en un sector relevante de la economía. Hasta la mitad del siglo, la manufactura tuvo un carácter meramente artesanal. Pero, ahora empujada por el crecimiento demográfico, la incorporación de capitales privados —bajo la protección de barreras aduaneras— y la llegada de técnicos extranjeros, se empezó a desarrollar una industria nacional del azúcar, los muebles, zapatos, ropa de corte popular, jabones y vidrios. Los casos que mejor ejemplifican este cambio corresponden a la industria de la cerveza y la molinera, que se expandieron con capacidad para abastecer en todas las ciudades importantes de la época.

Por último, en el desarrollo económico cabe destacar las transformaciones que se produjeron en el ámbito financiero. Surgieron los primeros bancos, las leyes que autorizaron la emisión de billetes de instituciones privadas y se consolidó el crédito como instrumento para el fomento de actividades productivas. Todo ello modernizó las formas de inversión y permitió la llegada de capitales extranjeros que se incorporaron a la expansión de los ferrocarriles, alumbrado urbano y actividades mineras.

Modernidad y continuidad

La sociedad chilena de mediados de siglo se movió lentamente en una transición, que la llevó desde una modalidad colonial hispana hasta una sociedad en la que coexistían formas agrarias y burguesas.

El cambio podía observarse en las ciudades, donde los nuevos ricos demostraron fortuna en la edificación de palacios y mansiones, que desencadenaron una corriente de transformaciones urbanas.

Los sectores adinerados hicieron de lo mundano y el buen tono su modo de ser, y abandonaron el estilo anticuado y austero de sus antepasados.

Las transformaciones urbanas en gran escala, realizadas en Valparaíso con posterioridad al bombardeo español (1866), y la renovación llevada en Santiago entre 1872-74, tuvieron como propósito adicional al estético segregar la ciudad como un espacio civilizador.

El mundo popular agrario y minero se mantuvo como si el tiempo se hubiera detenido en la Colonia. Quienes lo conformaban continuaron siendo los marginados de la cultura y la educación, encerrados en las haciendas o en los sitios de laboreo minero.

En esta etapa los sectores medios se prepararon para su irrupción histórica, lo que se expresó a través de su matrícula en el sistema educacional primario hasta el universitario.

La prensa y la literatura realista fueron los espacios que este sector utilizó para denunciar las inequidades y discriminaciones.

Al terminar el período, la sociedad chilena se encontró en una situación económica excepcional, por la riqueza generada por el salitre. Pero, también estaba incubando los gérmenes de grandes cambios políticos y sociales con que se abrió el nuevo siglo.