Sus principales Causas [editar]
Las principales causas de esta guerra fueron:
Conflicto Presidencialismo-Parlamentarismo: El mandatario gobernó interpretando la constitución como presidencialista, con lo que se ganó la oposición de los partidos políticos y el congreso nacional, que habían desarrollado una lectura parlamentarista de la carta fundamental. Ello le significó múltiples obstáculos a Balmaceda, por parte del parlamento, para poder cumplir sus propósitos.[1]
Intervención electoral: Balmaceda pretendía designar, tal como lo habían hecho sus antecesores, al congreso y a su sucesor en la presidencia por medio de la intervención electoral del gobierno, en contra de los llamados por la libertad electoral hechos por los partidos políticos, y que se convirtió en su principal bandera de lucha contra Balmaceda.
Hegemonía oligárquica en peligro: Balmaceda nombró como ministros a jóvenes no pertenecientes a la oligarquía tradicional. Este grupo reaccionó al prever la posibilidad de disminuir su poder político y social, por lo que se opuso al presidente.[cita requerida]
Proyecto Económico de Balmaceda: El presidente tenía la intención de aumentar la exportación del salitre, incrementando los ingresos fiscales, para así, poder financiar el plan de obras públicas del gobierno. Pero los empresarios del salitre (principalmente John North), parte de la oligarquía y el parlamento, querían exportar cantidades limitadas, para que no disminuyera su precio en el mercado internacional. Por lo que pasaron a formar parte de la oposición.[cita requerida]
División de las fuerzas Armadas; Para el desarrollo de la guerra fue fundamental la división de las fuerzas armadas, ya que sin este suceso, el bando de Balmaceda no habría podido oponer resistencia. El ejército, apoyó al presidente, y la Armada, a la causa congresista.
Crecientes niveles de odio político; Los niveles de respeto debidos a las autoridades de gobierno y a los opositores, y que habían marcado la convivencia anterior, se vieron sobrepasados, por medio de la agresión de una prensa virulenta que llego a incluir en sus ataques a los familiares y a las vidas privadas de los hombres públicos.[2]
Conflicto con la Iglesia: Por la condición liberal de Balmaceda, y su antiguo apoyo a la enajenación del poder eclesiástico sobre el estado, los clérigos y los políticos conservadores mantuvieron una oposición virulenta al presidente, en particular por parte de la juventud bandos liberales, quienes presentaban distintas fisonomías, incluso llegando a existir un grupo liberal opositor a la política de Balmaceda. La situación provocó desconfianza mutua entre el Parlamento y el Ejecutivo, generando una rotativa ministerial hasta llegar a quince cambios de gabinete.[4]
En enero de 1889, Enrique Salvador Sanfuentes fue nombrado ministro de Industria y Obras Públicas, lo que fue visto por los parlamentarios como el sucesor de Balmaceda, en una imposición de este último. Por otra parte, los grupos liberales opositores al presidente se agruparon en torno al Congreso. Además, los partidos Nacional, Radical, Liberal Doctrinario y Liberal Mocetón formaron una liga política llamada cuadrilátero, para luchar por la libertad electoral.[5] Esta mayoría en el parlamento inició un periodo de hostilidades, que provoco la renuncia de Sanfuentes a la candidatura presidencial para aplacar los ánimos.
Al perder la mayoría parlamentaria, Balmaceda debió nombrar gabinetes acordes con la nueva distribución de las fuerzas políticas, lo que duró hasta enero de 1890, en que nombró un gabinete de marcado carácter presidencial, puesto que el congreso había aprobado las leyes periódicas de ese año. El ministerio era encabezado por Adolfo Ibáñez, y tenía la peculiaridad de ser el primer gabinete con integración militar de Balmaceda, con el general José Velásquez como ministro de guerra, lo que significaría el inicio de la politización del ejército y su subsiguiente división durante la guerra civil.[6]
El 30 de mayo se reformó el gabinete, nombrándose a Sanfuentes ministro del interior, cuestión que enardeció a la oposición parlamentaria, quienes echaron mano del aplazamiento de la discusión de la Ley de Presupuestos de 1891, para provocar el cambio de los ministerios por otro de corte parlamentario.[7]
Los parlamentarios esperan acusar constitucionalmente al gabinete de Sanfuentes, puesto que en tal situación, la constitución establecía que el presidente no podía modificar el ministerio y después de seis meses podía encontrarse incluso inhabilitado para gobernar
Las principales causas de esta guerra fueron:
Conflicto Presidencialismo-Parlamentarismo: El mandatario gobernó interpretando la constitución como presidencialista, con lo que se ganó la oposición de los partidos políticos y el congreso nacional, que habían desarrollado una lectura parlamentarista de la carta fundamental. Ello le significó múltiples obstáculos a Balmaceda, por parte del parlamento, para poder cumplir sus propósitos.[1]
Intervención electoral: Balmaceda pretendía designar, tal como lo habían hecho sus antecesores, al congreso y a su sucesor en la presidencia por medio de la intervención electoral del gobierno, en contra de los llamados por la libertad electoral hechos por los partidos políticos, y que se convirtió en su principal bandera de lucha contra Balmaceda.
Hegemonía oligárquica en peligro: Balmaceda nombró como ministros a jóvenes no pertenecientes a la oligarquía tradicional. Este grupo reaccionó al prever la posibilidad de disminuir su poder político y social, por lo que se opuso al presidente.[cita requerida]
Proyecto Económico de Balmaceda: El presidente tenía la intención de aumentar la exportación del salitre, incrementando los ingresos fiscales, para así, poder financiar el plan de obras públicas del gobierno. Pero los empresarios del salitre (principalmente John North), parte de la oligarquía y el parlamento, querían exportar cantidades limitadas, para que no disminuyera su precio en el mercado internacional. Por lo que pasaron a formar parte de la oposición.[cita requerida]
División de las fuerzas Armadas; Para el desarrollo de la guerra fue fundamental la división de las fuerzas armadas, ya que sin este suceso, el bando de Balmaceda no habría podido oponer resistencia. El ejército, apoyó al presidente, y la Armada, a la causa congresista.
Crecientes niveles de odio político; Los niveles de respeto debidos a las autoridades de gobierno y a los opositores, y que habían marcado la convivencia anterior, se vieron sobrepasados, por medio de la agresión de una prensa virulenta que llego a incluir en sus ataques a los familiares y a las vidas privadas de los hombres públicos.[2]
Conflicto con la Iglesia: Por la condición liberal de Balmaceda, y su antiguo apoyo a la enajenación del poder eclesiástico sobre el estado, los clérigos y los políticos conservadores mantuvieron una oposición virulenta al presidente, en particular por parte de la juventud bandos liberales, quienes presentaban distintas fisonomías, incluso llegando a existir un grupo liberal opositor a la política de Balmaceda. La situación provocó desconfianza mutua entre el Parlamento y el Ejecutivo, generando una rotativa ministerial hasta llegar a quince cambios de gabinete.[4]
En enero de 1889, Enrique Salvador Sanfuentes fue nombrado ministro de Industria y Obras Públicas, lo que fue visto por los parlamentarios como el sucesor de Balmaceda, en una imposición de este último. Por otra parte, los grupos liberales opositores al presidente se agruparon en torno al Congreso. Además, los partidos Nacional, Radical, Liberal Doctrinario y Liberal Mocetón formaron una liga política llamada cuadrilátero, para luchar por la libertad electoral.[5] Esta mayoría en el parlamento inició un periodo de hostilidades, que provoco la renuncia de Sanfuentes a la candidatura presidencial para aplacar los ánimos.
Al perder la mayoría parlamentaria, Balmaceda debió nombrar gabinetes acordes con la nueva distribución de las fuerzas políticas, lo que duró hasta enero de 1890, en que nombró un gabinete de marcado carácter presidencial, puesto que el congreso había aprobado las leyes periódicas de ese año. El ministerio era encabezado por Adolfo Ibáñez, y tenía la peculiaridad de ser el primer gabinete con integración militar de Balmaceda, con el general José Velásquez como ministro de guerra, lo que significaría el inicio de la politización del ejército y su subsiguiente división durante la guerra civil.[6]
El 30 de mayo se reformó el gabinete, nombrándose a Sanfuentes ministro del interior, cuestión que enardeció a la oposición parlamentaria, quienes echaron mano del aplazamiento de la discusión de la Ley de Presupuestos de 1891, para provocar el cambio de los ministerios por otro de corte parlamentario.[7]
Los parlamentarios esperan acusar constitucionalmente al gabinete de Sanfuentes, puesto que en tal situación, la constitución establecía que el presidente no podía modificar el ministerio y después de seis meses podía encontrarse incluso inhabilitado para gobernar


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